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SOBREVIVIR EN ESTE ANDURRIAL...
Sobrevivir en este andurrial tempestuoso, sobrevivir a todo el global espanto que deja corto el horror del tercer Reich; con esta vocación de búho lascivo sacerdote de la noche, ser testigo de los humanitarios bombardeos de Bagdad, Gaza y demás territorios caídos en desgracia y abandonados del dios capitalista e inhumano de los civilazados países de Occidente.
Mientras el fuerte aguacero borra la sangre de las calles, plazas y mercados, un murmullo de antiguos acetatos y el licor y los narcóticos de las cuidades desalmadas, y las exposiciones y espectáculos de seviciales artistas intentan obnubilar las huellas de la infamia, desterrar de la memoria toda la actual miseria y el dolor, efímera existencia donde presbíteros ferales hablan retóricas torcidas, siniestras y gastadas, donde las calaveras sonrientes entonan sus dulces canciones de sirena.
Bajo la voz ahora, -entonces- y con receloso ademán acudo a mi humilde vicio de palabras, inútiles y párvulas palabras, acudo en este intento estéril e impotente con la misma desazón de la troyana visionaria.
Acudo religiosamente a exhibir y a develar el terrible horizonte de estos días.
SOBREVIVIR EN ESTE ANDURRIAL...
Sobrevivir en este andurrial tempestuoso, sobrevivir a todo el global espanto que deja corto el horror del tercer Reich; con esta vocación de búho lascivo sacerdote de la noche, ser testigo de los humanitarios bombardeos de Bagdad, Gaza y demás territorios caídos en desgracia y abandonados del dios capitalista e inhumano de los civilazados países de Occidente.
Mientras el fuerte aguacero borra la sangre de las calles, plazas y mercados, un murmullo de antiguos acetatos y el licor y los narcóticos de las cuidades desalmadas, y las exposiciones y espectáculos de seviciales artistas intentan obnubilar las huellas de la infamia, desterrar de la memoria toda la actual miseria y el dolor, efímera existencia donde presbíteros ferales hablan retóricas torcidas, siniestras y gastadas, donde las calaveras sonrientes entonan sus dulces canciones de sirena.
Bajo la voz ahora, -entonces- y con receloso ademán acudo a mi humilde vicio de palabras, inútiles y párvulas palabras, acudo en este intento estéril e impotente con la misma desazón de la troyana visionaria.
Acudo religiosamente a exhibir y a develar el terrible horizonte de estos días.
Edgar E. Ramírez Mella
Aguada, Puerto Rico
SOBREVIVIR EN ESTE ANDURRIAL...
Sobrevivir en este andurrial tempestuoso, sobrevivir a todo el global espanto que deja corto el horror del tercer Reich; con esta vocación de búho lascivo sacerdote de la noche, ser testigo de los humanitarios bombardeos de Bagdad, Gaza y demás territorios caídos en desgracia y abandonados del dios capitalista e inhumano de los civilazados países de Occidente.
Mientras el fuerte aguacero borra la sangre de las calles, plazas y mercados, un murmullo de antiguos acetatos y el licor y los narcóticos de las cuidades desalmadas, y las exposiciones y espectáculos de seviciales artistas intentan obnubilar las huellas de la infamia, desterrar de la memoria toda la actual miseria y el dolor, efímera existencia donde presbíteros ferales hablan retóricas torcidas, siniestras y gastadas, donde las calaveras sonrientes entonan sus dulces canciones de sirena.
Bajo la voz ahora, -entonces- y con receloso ademán acudo a mi humilde vicio de palabras, inútiles y párvulas palabras, acudo en este intento estéril e impotente con la misma desazón de la troyana visionaria.
Acudo religiosamente a exhibir y a develar el terrible horizonte de estos días.
Edgar E. Ramírez Mella
Aguada, Puerto Rico
Aguada, Puerto Rico
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